“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:23).

EL CANTO DE ALABANZA Y ADORACIÓN DE MARÍA

Domingo, 4 septiembre 2011

Aunque María, la madre de Jesús, ha sido tema de mucho interés religioso a lo largo de los siglos, la mayor parte de ese interés es tradición derivada de una cantidad de fuentes que no están basadas en las Escrituras.

Sin embargo, en el tema de la venida de Cristo a la Tierra, María desempeñó un papel importante y central: en su seno estaba el Salvador del mundo milagrosamente concebido; en su seno creció hasta ser el niño Jesús. Mirando hacia atrás con toda la ventaja del conocimiento y la luz que se nos da en el Nuevo Testamento, solo podemos maravillarnos por ese milagro. Aunque sin duda sabiendo que ella era parte de un evento increíble que había de tener consecuencias importantes para su pueblo, la joven María muy probablemente no tenía una idea real de aquello en lo que participaba. Pero sabía, lo suficiente como para poder maravillarse por las circunstancias sorprendentes que cambiaron tan radicalmente su vida.

Lee Lucas 1:46 al 55, a menudo llamado el Canto de María. ¿Cuál es el trasfondo de este canto? ¿Por qué lo canta ella? ¿Qué elementos de alabanza y adoración se revelan aquí? ¿Qué aparece aquí que hemos tratado durante todo el trimestre?

Este canto de alabanza y adoración está lleno de alusiones e imágenes tomadas del Antiguo Testamento, las únicas Escrituras que ella conocía. Aquí podemos verla dando gloria a Dios y reconociendo su conducción, no solo en su propia vida, sino también en su propio pueblo. Su alusión a Abraham es claramente una referencia al pacto que Dios hizo con su pueblo; ella está alabando a Dios por sus promesas a ellos, y ve esas promesas como su esperanza y la esperanza de su pueblo para el futuro. Por mucho que ella no entendiera, sabía lo suficiente como para ver la actuación de Dios. Por eso, ella estaba agradecida y llena de adoración.

¿Cuánto de "milagroso" ves en tu propia vida? ¿Podría ser que esté allí y, no obstante, tú estés muy endurecido, muy cerrado, muy envuelto en ti mismo para verlo como deberías?

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