“Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? (Luc. 24:32).

EL LLAMADO DE PEDRO

Domingo, 14 febrero 2016

Cuando consideramos el increíble problema que estaba en juego en el Gran Conflicto, no sorprende que Jesús usara seres humanos para que lo ayudaran en el ministerio, especialmente unos que tenían tantas fallas como aquellos que eligió. Por supuesto, si consideramos la condición de la humanidad caída, cualquiera que él eligiera tendría defectos morales.

Caminando por la ribera del Mar de Galilea, seguido por una multitud, Jesús notó dos barcas de pescadores, cuyos dueños las estaban limpiando después de una noche improductiva. Estos pescadores ya había escuchado de Jesús, que había enseñado en su sinagoga, asombrando a todos con sus palabras (Luc. 4:31, 32). Jesús hasta expulsó un demonio de un hombre y todos estaban maravillados (vers. 33-36). Habían visto a Jesús en la casa de Pedro, sanando a la suegra de este (vers. 38, 39) y, más tarde, ese mismo día, sanando a muchos otros (vers. 40, 41).

No es raro que una multitud siguiera a Jesús por la ribera. Jesús entró en la barca de Pedro, la empujó un poco para alejarla de la orilla, de modo que la gente pudiera verlo, y luego les habló (Luc. 5:3). Cuando terminó, le dijo a Pedro que arrojara al mar la red que recién había limpiado. Seguramente, Pedro pensó que no lograría nada; pero, por respeto a Jesús, hizo lo que él le indicó.

Lee Lucas 5:6 al 8. ¿Qué nos enseña la reacción de Pedro acerca de él? ¿De qué forma nos ayuda a entender por qué, a pesar de las fallas obvias de Pedro, Jesús lo escogió?

La reacción de Pedro es notable. Quizá podamos trazar un paralelismo con la experiencia de Jacob luchando con el ángel: la misma percepción de la Presencia divina y un abrumador sentido de indignidad (Gén. 32:24-30). Una cosa es clara. Pedro se dio cuenta de su pecaminosidad, porque sabía que el Señor estaba allí. Su confesión abierta de su culpabilidad presenta un agudo contraste, por ejemplo, con la reacción de algunos líderes religiosos que se referían a Jesús como a un pecador (ver Juan 9:24) en lugar de reconocer, aun cuando estaban en su presencia, la propia pecaminosidad.

Lucas 5:11 dice que ellos, “dejándolo todo”, lo siguieron; esto signi ca que, cuando sus redes estaban tan llenas que se rompían, los hombres dejaron todo para seguir a Jesús. ¿Qué mensaje hay allí para nosotros?

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