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miercoles · l07

Los planes de nuestro padre para nosotros

Versiculo de la semana

“Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Rom. 5:5).

Todos anhelan tener esperanza. Pero ¿dónde encontrarla? Para algunos, la esperanza se encuentra en la sonrisa de un amigo. Para otros, la esperanza surge de la seguridad financiera o de un matrimonio estable. ¿Dónde buscas tú esperanza y coraje normalmente?

En el libro de Jeremías, el profeta escribe a gente que, en el Exilio, había perdido la esperanza. “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion” (Sal. 137:1). Pero, a pesar de su desconsuelo, Jeremías expone las razones por las que no deben perder la esperanza.

¿Qué razones para tener esperanza ofrece Jeremías 29:1 al 10?

En este pasaje, hay tres fuentes importantes de esperanza que vale la pena destacar.

En primer lugar, Dios dice a su pueblo que no debe perder la esperanza porque su situación no es resultado de la casualidad ni de un mal impredecible. Porque Dios mismo dice: “[Yo, Jehová] hice transportar [a Judá] de Jerusalén a Babilonia” (Jer. 29:4). Aunque aparentemente el mal lo rodea, Judá nunca dejó de estar en las palmas de las manos de Dios.

En segundo lugar, Dios dice a su pueblo que no debe perder la esperanza porque él puede obrar incluso dentro de sus dificultades imperantes. “Procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz” (Jer. 29:7).

En tercer lugar, Dios dice a su pueblo que no debe perder la esperanza porque él pondrá fin a su exilio en un momento específico: “Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar” (Jer. 29:10).

Una vez que Dios le explica que estuvo al frente de su pasado, que está a cargo de su presente y que se hará responsable por su futuro, entonces transmite bellamente el tierno cuidado que él tiene por su pueblo (ver Jer. 29:11-14).

Lee Jeremías 29:11 al 14 mencionando tu nombre después de la palabra vosotros, como si Dios te estuviera haciendo estas promesas personalmente. Dales una aplicación personal a estas promesas en cualesquiera de tus luchas actuales.