“Entonces vi a otro ángel que subía del este con el sello del Dios vivo. Y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, quienes habían recibido poder de dañar la Tierra y el mar, y les dijo: ‘No dañen la Tierra, ni el mar, ni los árboles, hasta que sellemos en sus frentes a los siervos de nuestro Dios’ ” (Apoc. 7:2, 3).
LA PRUEBA DEL SÁBADO
Ahora mismo, quizá, se está preparando el escenario para esta inminente persecución. El 6 de junio de 2012, el papa Benedicto XVI hizo este llamado urgente a más de quince mil personas reunidas en la Plaza de San Pedro, en Roma, para que el domingo sea un día de descanso para todos, para que la gente pueda tener la libertad de estar con su familia y con Dios. “Al defender el domingo, uno defiende la libertad humana”. Por supuesto, esto no es lo mismo que exigir que los demás guarden este día en lugar del sábado bíblico, pero muestra que la idea del domingo como el “día de descanso” decididamente es un verdadero problema. Tarde o temprano, se aprobarán leyes, y quienes siguen la Palabra de Dios a conciencia y guardan el verdadero día de reposo serán tachados de enemigos de los intereses de la sociedad.
En este tiempo de crisis, el pueblo fiel de Dios, por su gracia y por su poder, permanecerá firme en sus convicciones de seguirlo. No cederán a la presión.
En contraste con la marca de la bestia, recibirán el sello de Dios. Los sellos se usaban en la antigüedad para dar fe de la autenticidad de los documentos oficiales, por lo que esperaríamos encontrar el sello de Dios inserto en su Ley. Los sellos antiguos eran una marca distintiva personalizada. El profeta Isaías dice: “Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos” (Isa. 8:16).
Lee Éxodo 20:8 al 11. ¿Qué elementos de un sello bíblico encuentras en el mandamiento del sábado? ¿En qué se diferencia el mandamiento del sábado de todos los demás mandamientos del Decálogo?
El cuarto Mandamiento contiene tres elementos de un sello auténtico. En primer lugar, el nombre del dueño del sello: “El Señor tu Dios” (Éxo. 20:10). En segundo lugar, el título del dueño del sello: El Señor que “hizo” (Éxo. 20:11), o el Creador. Y en tercer lugar, el territorio del propietario del sello: “El Cielo, la Tierra y el mar, y todo lo que contienen” (Éxo. 20:11). Según Apocalipsis 7:1 y 2, el sello de Dios se coloca solamente en nuestra frente, un símbolo de nuestra mente. Jesús respeta nuestro libre albedrío. Nos invita a permitir que él moldee nuestra mente, mediante su Espíritu Santo, para que no nos puedan mover del ancla de nuestra fe en la Palabra de Dios (Efe. 4:30). Por lo tanto, entendemos que los fieles son quienes “guardan los mandamientos de Dios y [tienen] la fe de Jesús” (Apoc. 14:12); y en esos mandamientos está incluido el cuarto, un Mandamiento cambiado por el poder de la bestia.
¿Qué condiciones ves que se están gestando actualmente que podrían conducir a las restricciones de nuestra libertad religiosa? ¿Qué obstáculos quedan también?