martes · l07
Jesús nos enseña cómo orar
Versiculo de la semana
«Pueblos, esperen en él en todo tiempo, derramen ante él su corazón. Dios es nuestro refugio» (Sal. 62: 8).
En tiempos de Jesús, las oraciones prolongadas y cuidadosamente elaboradas, llenas de palabras complejas y a menudo memorizadas, eran muy apreciadas. Jesús no tenía nada bueno que decir acerca de este tipo de oraciones (ver Mat. 6: 5-8), sino que las definió como lo que eran: ostentosas muestras de presunta «piedad».
Los discípulos vieron orar a Jesús y sabían que la oración era una parte vital de su vida (ver Mar. 1: 35; 6: 46; Luc. 5: 16; 6: 12; 9: 18; 22: 12; 24: 30). Mientras observaban al Maestro, notaron un contraste con los líderes religiosos y se dieron cuenta de que la oración era algo mucho más importante que lo que habían pensado. Por lo tanto, se acercaron a Jesús y le pidieron: «Señor, enséñanos a orar» (Luc. 11: 1).
Jesús enseñó a sus discípulos (y a nosotros) que podemos orar con sencillez y en un lenguaje cotidiano, y que nuestras oraciones deben ser sinceras.
Lee Lucas 11: 2 al 4 y Mateo 6: 5 al 15, y observa los siguientes aspectos de la oración que Jesús enseñó:
• «Padre nuestro que estás en los cielos»: Necesitamos reconocer nuestra relación personal con el Padre de todos los seres humanos.
• «Santificado sea tu nombre»: Reconocer la santidad de Dios nos acerca a él con reverencia y respeto.
• «Venga tu reino»: Anhelemos el regreso de Jesús y la presencia del Espíritu Santo hasta que ocurra la Segunda Venida.
• «Sea hecha tu voluntad en la tierra como en el cielo»: Aceptemos la soberanía divina y pidamos que se haga la voluntad de Dios en nuestra vida, confiando en que él sabe mejor que nosotros qué nos conviene, en lugar de pedirle que haga lo que queremos.
• «Danos hoy el pan nuestro de cada día»: Podemos pedir lo que necesitamos para vivir, tanto físicamente (alimento y agua) como espiritualmente (Jesús y su Palabra viva).
• «Perdónanos el mal que hemos hecho, así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal» (DHH): Necesitamos arrepentirnos, buscar el perdón y perdonar a quienes nos han hecho daño, así como Dios nos perdona a nosotros.
• «Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal»: Es esencial pedir protección y amparo contra el mal presente en este mundo (Sal. 91).
• «Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén»: Reconozcamos que todo lo que somos, poseemos y hacemos pertenece a Dios. Solo él merece la gloria y la alabanza (1 Crón. 29: 11).
¿Deberíamos dedicar más tiempo a la oración y a encontrarnos cada ma ñana con Aquel que nos ama más que nadie? ¿Qué te impide hacerlo? Ora ahora mismo tal como Jesús nos enseñó.