miercoles · l09

La ley y el evangelio

Versiculo de la semana

«Jamás olvidaré tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado. Tuyo soy; sálvame porque he buscado tus mandamientos» (Sal. 119: 93, 94).

Jesús mismo explicó de manera muy poderosa y sucinta cuál era su relación con la Ley.

¿Qué dijo Jesús en Mateo 5: 17 y 18 acerca de la Ley?

Así como los límites que los padres señalan a sus hijos revelan lo que valoran, la Ley de Dios nos habla de su carácter y de lo que es importante para él. Dios nos dio su Ley para proteger nuestra relación con él y con los demás, pues sabe que ella orienta cada aspecto de nuestra vida a medida que crecemos en él. ¿Quién no ha sufrido las terribles consecuencias del pecado, la transgresión de la Ley?

El amor a Jesús está en el centro mismo de la Ley. Él dijo: «Si me aman, guardarán mis mandamientos» (Juan 14: 15). Cuando amamos genuinamente a Jesús, nos sentimos naturalmente inclinados a obedecer su Ley. Cuando comprendemos claramente su Ley, nos sentimos motivados a amar a Jesús. Y, lo que es aún más importante, mantener siempre ante nuestros ojos la Cruz y la muerte sustitutoria de Cristo en nuestro favor es la mejor manera de fomentar nuestro amor a Dios.

La Ley debe ir de la mano del evangelio, pues, aunque creemos en la vigencia de aquella y en la importancia de obedecerla, en lo que respecta a nuestra posición ante Dios, la Ley solo puede señalar el pecado. Ella no puede perdonar, justificar ni expiar. Por el contrario, ella señala por qué necesitamos ser perdonados y justificados, por qué necesitamos expiación. Esta es la razón por la que el evangelio es imprescindible para comprender la Ley, y por qué la muerte de Cristo en nuestro favor nos es imputada por la fe y no por nuestro cumplimiento de la Ley.

Lee Romanos 3: 28; 4: 13 al 16; Gálatas 2: 16; 3: 13 y Filipenses 3: 9. ¿Qué nos enseñan estos versículos que puede ayudarnos a los creyentes obedientes a la Ley a no caer en el legalismo?