viernes · l09

Para estudiar y meditar:

Versiculo de la semana

«Jamás olvidaré tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado. Tuyo soy; sálvame porque he buscado tus mandamientos» (Sal. 119: 93, 94).

No debería sorprendernos que el tema de la Ley sea a menudo tan tergiversado y malinterpretado, ya que el gran desafío de Satanás contra Dios giró precisamente en torno a la Ley divina.

En la época de Jesús, algunos pensaban que él había venido a suprimir la Ley, pero eso no podía estar más lejos de la verdad. Con su obediencia perfecta a la Ley (Mat. 5: 17, 18), Jesús iluminó el hermoso carácter divino y nos mostró cómo es Dios.

«Solamente podía esperar que realizaría el propósito divino si conservaba en su corazón reverencia por la santa palabra de Dios. Fue el aprecio por la ley de Dios lo que dio a Israel fuerza durante el reinado de David y los primeros años del de Salomón; fue por la fe en la palabra viviente como se hicieron reformas en los tiempos de Elías y de Josías. Y a esas mismas Escrituras de verdad, la herencia más preciosa de Israel, apelaba Jeremías en sus esfuerzos de reforma» (Elena G. de White, Profetas y reyes, p. 312).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. ¿Cómo ve el pecado la cultura popular? ¿Cómo debe responder nuestra iglesia?
  2. ¿Has visto alguna vez de primera mano cómo el pecado destruye las relaciones con Dios y con los demás? 3. ¿Ha resultado fácil o difícil para ti obedecer la Ley de Dios? ¿Qué factores han contribuido a ello?
  3. ¿En qué confiarás cuando todos tus pecados sean llevados ante el santo y perfecto Dios en ocasión del Juicio: en tu cumplimiento de la Ley o en la perfecta justicia de Jesús como tu Sustituto y Representante?
  4. Lee Proverbios 24: 3, 13 y 14. ¿Cómo puede afectar el conocimiento (o la falta de él) la relación de alguien con Dios?

RESUMEN: Nuestra vida está infectada por el pecado, que nos separa de Dios. Sin embargo, Dios nos invita a conocerlo y amarlo con toda nuestra mente, corazón y fuerzas. Si lo hacemos, naturalmente amaremos más a Dios y a los demás. Ese amor está plasmado en la Ley de Dios, que fue dada para proteger y preservar nuestra relación con él y con quienes nos rodean. La Ley de Dios es un hermoso reflejo de su carácter. Cuando entendemos su Ley, nuestra relación con él se desarrolla.