martes · l02
Poder para quienes están siendo salvados
Versiculo de la semana
«El mensaje de la cruz es locura para los que se pierden; pero para los que se salvan es poder de Dios» (1 Cor. 1: 18).
El sentido de 1 Corintios 1: 18 es demasiado claro como para no percibirlo; a saber, que el mensaje de la cruz depende de cómo se mire. Es una locura para quienes se rebelan contra Dios, pero es poder para quienes anhelan su salvación.
Lee Colosenses 1: 20 y 1 Pedro 2: 24. ¿Qué logró Jesús por nosotros en la cruz?
Como hemos visto, al predicar el evangelio, es necesario evitar «sabiduría de palabras, para no anular la eficacia de la cruz de Cristo» (1 Cor. 1: 17). A la luz de este texto, resulta más sencillo comprender por qué lo contrario de la necedad es el poder de Dios, y no la sabiduría humana (1 Cor. 1: 18). La cruz, que es tan contraria a la sabiduría humana, revela cuán necia es realmente la sabiduría humana.
El texto griego de 1 Corintios 1: 18 sugiere que «los que se pierden» están simplemente cosechando las consecuencias de sus acciones y puede, pues, ser parafraseado de la siguiente manera: «Porque el mensaje de la cruz es una locura para los que se destruyen a sí mismos». El verbo griego apollymi (‘perecer’) significa también «destruir» (Juan 10: 10). De hecho, apollymi es así traducido en 1 Corintios 1: 19.
Pablo proporciona una base bíblica para su afirmación acerca de la perdición de estas personas citando en el versículo 19 las palabras de Dios en Isaías 29: 14, según las cuales el Señor mismo es quien está detrás de la destrucción, lo que parece contradecir el orgullo autodestructivo mencionado justo antes. Sin embargo, no hay contradicción. La idea es que Dios destruirá lo que ya se está destruyendo a sí mismo desde el principio.
En contraste con los que se están destruyendo a sí mismos, la expresión «los que están siendo salvados» (traducción literal de 1 Cor. 1: 18) indica que la salvación solo proviene de Dios. Pablo está diciendo que estamos siendo salvados; es decir, no nos estamos salvando a nosotros mismos. Por supuesto, no podemos hacerlo. Nuestra salvación tiene una fuente externa. Mientras que la destrucción es autoinfligida, la salvación solo puede ser concedida como un regalo de gracia a los pecadores. Como queda claro en 1 Corintios 1: 21, Dios es quien salva a quienes creen. En este sentido, la necedad es el acto de rechazar lo que Dios ha ofrecido a la humanidad a través de la cruz de Cristo (1 Cor. 1: 30), y provocar así la propia destrucción.
«Porque la paga del pecado es la muerte, pero el don gratuito de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Rom. 6: 23). ¿Cómo reafirma este versículo lo que Pablo decía en 1 Corintios 1: 18-19?