miercoles · l04

El antídoto contra la inmoralidad sexual

Versiculo de la semana

«¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, que tienen de Dios, y que no son sus propios dueños? Porque han sido comprados por precio; por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios» (1 Cor. 6: 19-20).

Lee 1 Tesalonicenses 4: 1-8. ¿Qué dice este pasaje acerca de la conexión entre la santificación y el deber de evitar la inmoralidad sexual?

Aunque Pablo se dirigía a otra persona en los textos anteriores, el principio puede aplicarse de manera general a todos los cristianos.

Sin embargo, esto nos lleva a la pregunta: ¿Qué estaba ocurriendo en Corinto? ¿Por qué todos estos problemas?

Al parecer, algunos en Corinto creían que, dado que el evangelio los había liberado, podían hacer lo que quisieran. Argumentaban que, así como el estómago fue creado para la comida, el cuerpo fue creado para el sexo, y el sexo para el cuerpo (1 Cor. 6: 13). Pablo responde que esto es una tergiversación de la libertad cristiana. La falta de integridad en las cuestiones sexuales es incompatible con la identidad cristiana y constituye un uso indebido de la libertad concedida al hombre por medio del evangelio (Rom. 8: 2; Gál. 5: 13). Fuimos liberados del pecado, no para cometerlo (Rom. 6: 18, 22; 8: 2). De hecho, «el cuerpo [...] es [...] para el Señor, y el Señor para el cuerpo» (1 Cor. 6: 13). Pertenecemos a Cristo (1 Cor. 6: 15), y quienes somos debe influir en lo que hacemos. Una cosa está indisolublemente ligada a la otra. Esto es descrito en 1 Corintios 6 de tres maneras diferentes.

En primer lugar, somos identificados como lavados, santificados y justificados «en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios» (1 Cor. 6: 11). Los pecados enumerados en 1 Corintios 6: 9-10, así como la inmoralidad sexual denunciada en 1 Corintios 6: 12-20, no tienen cabida en la vida de aquellos que han sido lavados, santificados y justificados.

En segundo lugar, somos miembros de Cristo (1 Cor. 6: 15). Esto significa que debemos estar unidos a él (1 Cor. 6: 17). La inmoralidad sexual es una violación de esa unión (1 Cor. 6: 13, 15). Quien se une con otra persona en relaciones sexuales extramatrimoniales se convierte en «un cuerpo» con ella (1 Cor. 6: 16). La unión con Cristo a través del Espíritu debe determinar la ética cristiana en materia sexual.

En tercer lugar, nuestros cuerpos son «templo del Espíritu Santo» (1 Cor. 6: 19-20). La única manera de vivir una vida santa con integridad en cuestiones sexuales es tener una relación íntima con Cristo a través del Espíritu Santo. Pablo se refiere en otra parte a la experiencia de ser un templo del Espíritu en términos de presentar el cuerpo como «sacrificio vivo, santo, agradable a Dios» (Rom. 12: 1).

Piensa en la devastación que los pecados sexuales han causado a la humanidad. ¿Qué nos dice esto acerca de cuán importante es este tema para los cristianos?