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jueves · l07

Fe, Esperanza y Amor

Versiculo de la semana

«Ahora permanecen estos tres dones: la fe, la esperanza y el amor. Pero el mayor es el amor» (1 Cor. 13: 13).

Hemos aprendido hasta aquí que el amor es paciente, bondadoso, gozoso, tenaz, creyente, esperanzado y perseverante porque Jesús es así. Una vez que vemos estas cualidades en Jesús, el siguiente paso es imitarlo. Ese era el deseo de Pablo para los corintios. Sin embargo, si eliminamos el «no» de las ocho características negativas del amor, «obtenemos una descripción bastante clara de la conducta de los corintios dentro de su círculo eclesiástico. Es decir, eran envidiosos, jactanciosos, arrogantes, groseros, egoístas, irascibles y atentos a los errores ajenos. Pablo adapta los verbos que utiliza aquí a la situación de Corinto» (Verlyn D. Verbrugge, «1 Corintios», en The Expositor’s Bible Commentary: Romans–Galatians [Grand Rapids: Zondervan, 2008], p. 372).

Los corintios tenían mucho que aprender, al igual que nosotros. Después de describir lo que el amor hace y lo que no hace, Pablo concluye su sección enfatizando la naturaleza eterna del amor genuino para estimular así su práctica.

Un día, las profecías ya no serán necesarias, hablaremos un solo idioma, y el imperfecto entendimiento humano dará paso a un nuevo y completo conocimiento acerca de Dios (1 Cor. 13: 12). Los dones del Espíritu cesarán solo cuando el propósito para el que existen haya alcanzado su cumplimiento (1 Cor. 13: 10). «Pero el amor nunca dejará de existir» (1 Cor. 13: 8).

Del mismo modo, cuando Cristo regrese, la fe dará paso a la percepción visual de lo ahora invisible (2 Cor. 5: 7), y lo que hemos esperado durante tanto tiempo se hará realidad (Rom. 8: 24). Y, sobre todo, el amor perdurará entonces como emblema del carácter de nuestro Dios trino. Sin embargo, en cierto sentido, la fe y la esperanza también durarán para siempre. La fe como experiencia de la salvación (Rom. 4: 3) y la esperanza como deseo y expectativa de nuevos deleites y conocimientos en la nueva tierra marcarán para siempre la experiencia de los redimidos. Pero el amor de Dios prevalecerá eternamente.

Muy pronto veremos a nuestro Señor cara a cara (1 Cor. 13: 12). Hasta que ese día llegue, nuestras vidas deben estar definidas por estas tres virtudes: fe, esperanza y amor. Esta tríada es representativa de la plenitud de la vida cristiana por medio del Espíritu, razón por la cual era mencionada a menudo entre los cristianos (Rom. 5: 1-5; Gál. 5: 5-6; Efe. 1: 15, 18; 4: 1-5). Sin embargo, el amor es la mayor de todas, ya que es la única virtud utilizada para describir la naturaleza misma de Dios (1 Juan 4: 8).

Reflexionemos acerca de la afirmación «Dios es amor». ¿Qué significa exactamente? Y, aunque solo podamos comprender parcialmente la idea, ¿por qué esa afirmación es una buena noticia para nosotros?