lunes · l09
Pureza y sinceridad
Versiculo de la semana
«Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón les escribí con muchas lágrimas; no para que sean contristados, sino para que supiesen cuánto los amo» (2 Cor. 2: 4).
Ayer aprendimos que Pablo manifestaba su amor a los corintios al consolarlos en medio de sus dificultades, tal como él mismo había recibido consuelo de Dios en sus tribulaciones (2 Cor. 1: 1-11). Hoy veremos que su amor por los miembros de la iglesia de Corinto también se manifestaba mediante la integridad que él y sus compañeros de trabajo mostraban hacia ellos.
Lee 2 Corintios 1: 12-14 a la luz de 2 Corintios 2: 17 y 4: 2. ¿Cómo revela la sinceridad de Pablo su amor por los corintios?
El texto de 2 Corintios 1: 12-14 introduce la tesis que Pablo desarrollará en el resto de la Carta. Su integridad y su apostolado habían sido cuestionados por algunos en Corinto. Pensaban que Pablo tenía un carácter vacilante e indeciso, lo cual no era adecuado para el ministerio apostólico. En respuesta, Pablo subraya que él y sus colegas se comportaron con la máxima integridad.
Dos palabras describen la conducta de Pablo y sus compañeros: pureza y sinceridad (2 Cor. 1: 12). El término griego traducido como «pureza» («santidad», según algunas versiones) es haplotēs, usado aquí para expresar la integridad personal en el habla o el comportamiento. En resumen, esta palabra revela la pureza de los motivos (Efe. 6: 5; Col. 3: 22). A su vez, el término «sinceridad» (traducción del griego eilikrineia) también apunta a la integridad y la pureza de las motivaciones.
Los corintios no debían haber dudado de la pureza de las intenciones de Pablo. Él deja claro que tanto eso como su sinceridad tenían su origen en Dios. Esta idea queda bien reflejada en traducciones como la siguiente: «Nos hemos portado limpia y sinceramente [...] no [...] por la sabiduría humana, sino que confiamos en la gracia de Dios» (2 Cor. 1: 12, DHH).
Parece que los oponentes de Pablo malinterpretaron sus palabras en comunicaciones escritas anteriores (2 Cor. 1: 13-14). El apóstol garantiza que sus intenciones eran claras y comprensibles. Estaba seguro de que la rectitud de sus palabras, intenciones y acciones quedaría clara «en el día del Señor Jesús» (2 Cor. 1: 14).
¿Cuál ha sido tu propia experiencia al ver cuestionadas o desafiadas tus motivaciones o intenciones, por muy bienintencionadas y sinceras que fueran? ¿Qué te dice eso acerca de cuán cuidadoso debes ser al cuestionar las motivaciones de otros?