domingo · l10
Los frutos de un ministerio auténtico
Versiculo de la semana
«Estamos atribulados en todo, pero no angustiados; en apuros, pero no desesperados; perseguidos, pero no desamparados; abatidos, pero no des- truidos. Llevamos siempre en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo» (2 Cor. 4: 8-10).
Lee 2 Corintios 3: 1-9. ¿En qué sentido podemos ser una carta de Cristo?
Las cartas de recomendación eran comunes en el mundo grecorromano. Sin embargo, Pablo no llevaba consigo tales cartas. El poder transformador del Espíritu en la vida de los corintios era la demostración de la autenticidad de su ministerio. Sin embargo, Pablo estaba seguro de que la iglesia de Corinto no era el resultado de su inteligencia o sus esfuerzos (2 Cor. 3: 4-6). Él no se exaltaba a sí mismo (2 Cor. 3: 5; 1 Cor. 2: 2).
Pablo habla de su ministerio comentando brevemente los dos Pactos: el Antiguo, representado por Moisés, y el Nuevo, representado por él y sus colegas. Un lector apresurado podría pensar erróneamente que el Antiguo Pacto no daba esperanza de salvación, pero la salvación estaba disponible tanto en el Antiguo como en el Nuevo Pacto. El Antiguo Pacto era el evangelio previsto. «La Escritura, previendo que por la fe Dios justificaría a los gentiles, de antemano anunció el evangelio a Abraham al decirle: “Por medio de ti serán benditas todas las naciones”» (Gál. 3: 8).
En 2 Corintios 3: 1-4: 6, el Antiguo Pacto es utilizado para simbolizar la experiencia legalista de quienes dependían de sus propias obras de obediencia para agradar a Dios. A diferencia de ello, el Nuevo Pacto representa la experiencia de quienes confían completamente en la gracia de Dios para hacer todo lo que él ha prometido hacer por ellos y en ellos.
Pablo se refiere a dos respuestas diferentes al evangelio, la de los creyentes y la de los incrédulos. No se refiere a evangelios diferentes, uno en el Antiguo Testamento y otro en el Nuevo, ya que solo hay un evangelio ofrecido por Dios, «quien nos salvó y nos llamó con santo llamado, no conforme a nuestras obras, sino según su propósito y su gracia, que nos dio en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos» (2 Tim. 1: 9).
Esto no niega que 2 Corintios 2: 14-4: 6 contenga algunos elementos históricos, pero Pablo está usando allí la historia para señalar que algunos de ellos estaban, literalmente, «siendo salvados», mientras que otros «estaban pereciendo» (2 Cor. 2: 15). Debido a la reacción, la incredulidad y la falta de fe para con la tarea de Moisés, el ministerio de este puede considerarse uno de condenación y muerte. Por el contrario, puesto que la iglesia de Corinto creyó, el ministerio de Pablo entre ellos resultó ser uno de justicia y del Espíritu que da vida.
Esta experiencia de salvación de la iglesia de Corinto es la evidencia de la autenticidad del ministerio de Pablo.