“LA BENDICION DE PONER PRIMERO LO PRIMERO”

Lemuel Olan Jimenez

Que Dios nos diga de manera dramática que debemos ponernos a trabajar en su obra, y que luego detenga esa misma obra para darnos un discurso es porque tiene algo importante qué decirnos, ¿no es así? ¿Y qué podría ser?

Si el profeta Hageo no hubiese repetido la frase por lo menos cinco veces, una de las lecciones más importantes del libro se hubiera perdido tal vez, o simplemente, esa lección no sería uno de los énfasis principales del libro. 

            La frase que se repite una y otra vez, es esta: “Meditad bien* sobre vuestros caminos” (1:5). “Meditad sobre vuestros caminos” (1:7). “Ahora, pues, meditad en vuestro corazón desde este día en adelante...” (2:15). “Meditad, pues, en vuestro corazón, desde este día en adelante...”. “Meditad, pues, en vuestro corazón” (2:18).

            Meditad, meditad, meditad. Pero, ¿meditar en qué? No sólo se ordena que hay que meditar sino que hay que hacerlo bien. Se requiere que el pueblo reflexione correctamente sobre las causas de lo que les está ocurriendo. ¿Por qué estaban perdiendo entre un 50 y un 60 por ciento de las bendiciones materiales? (2:16 cf. 1:6). La lección podría perderse si no meditan adecuadamente.

El misterio de Dios se revela cuando el profeta les pide que mediten con relación a una fecha: “Desde el día veinticuatro del noveno mes” (2:18). Pero, ¿qué había de especial en ese día? Intencionalmente el Señor les hizo ver que “antes” de esa fecha todo les estaba saliendo mal. Sembraban mucho y recogían poco. Comían y no se saciaban. Bebían y no quedaban satisfechos. Buscaban mucho y hallaban poco. Sin embargo, la frase “desde este día en adelante” sugiere que Dios está por hacer algo grande y quería que lo tuvieran en cuenta, ¡porque eso tenía relación con haber obedecido a su mandato!

Es preciso señalar que antes de eso la casa de Dios estaba abandonada y  el pueblo de Dios tenía otros intereses. Pero desde el día 24 en adelante,  las cosas  tomarían otro rumbo. Habiendo puesto manos a la obra, el mensaje de Hageo es que Dios bendeciría a los que se habían consagrado a servirle sin importar el costo. El libro de Hageo, desde esta perspectiva, es un promesa. “¿No está aún la simiente en el granero? Ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el árbol de olivo a florecido todavía; mas desde este día os bendeciré” (2:19).

Cabe mencionar que tales palabras fueron dichas cuando terminaron de poner los cimientos del templo. A partir de ahí, lo que seguía era poner piedra sobre piedra (2:15). ¡Y la obra no debía detenerse! Y para que el pueblo no se desanimara, el Señor prometió bendecirlos. Los recursos no les faltarían. ¡El pueblo vería la diferencia entre servirle a Dios y no servirle!

Ahora, ¿en qué específicamente no le estaban sirviendo a Dios en tiempos de Hageo? Elena de White señala que “en los días del profeta Hageo se vio una sorprendente ilustración de los resultados que produce el privar egoístamente la causa de Dios aun de las ofrendas voluntarias” (Patriarcas y Profetas, 566). ¿Aun de las ofrendas voluntarias? Sin duda, ¡hoy es necesario que también meditemos en esto!

Uno de los problemas que tienen las iglesias hoy día, para cumplir la misión, se relaciona con el mismo problema que existía en los días de Hageo: el asunto de las ofrendas. El  pueblo de Dios en ese tiempo estaba dedicando sus recursos para otras cosas, pero menos para la obra de Dios. Y estaban pagando un precio muy alto por eso. Meditemos en este punto. No eran ofrendas para los sacrificios sino para la reconstrucción del templo, que era el mismo donde habría de manifestarse el Deseado de todas las gentes: Jesucristo. 

Ahora, ¿por qué tiene tanta importancia el mensaje de Hageo en la actualidad? Porque son las iglesias locales las que llevan mayormente a cabo la misión de predicar el evangelio, y éstas, como el templo en tiempo de Hageo, dependen de las ofrendas. No obstante, algunas iglesias carecen de lo más elemental para cumplir sus funciones en los diferentes departamentos. ¿Y donde está el problema? De acuerdo con Hageo, y lo que dice Elena de White, tal vez sea necesario meditar si el concepto “voluntario” que ha manejado la iglesia con relación a las ofrendas sea el correcto.

Por todo lo anterior es imperativo meditar en cómo estamos ofrendando actualmente. Meditar en cómo están avanzando nuestras iglesias hoy día. Meditar si tienen los recursos que realmente debieran tener para cumplir la misión. Meditar si realmente le estamos dando a Dios lo que verdaderamente le corresponde en el asunto de las ofrendas. No olvidemos que Dios bendice la obediencia. Debemos poner “primero lo primero” porque la bendición de Dios también se encuentra así.

 

Nota: *Las negritas y cursivas de las citas son añadidas.


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