«El que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido» (Luc. 14: 11).

FIJA TUS OJOS EN CRISTO

jueves 16 de abril, 2026

Lee nuevamente Lucas 22: 27. ¿Cuál es el mensaje clave de este texto para los seguidores de Cristo?

En marcado contraste con el deseo de superioridad de los discípulos y su creencia de que eran mejores que los demás, vemos a Jesús, el máximo ejemplo de humildad. Él dijo: «Yo soy entre ustedes como el que sirve» (Luc. 22: 27). Jesús satisfacía cada día las necesidades de quienes lo rodeaban porque estaba lleno de compasión y veía a las multitudes como ovejas sin pastor. Él sabía que la humanidad lo necesitaba más que ninguna otra cosa, aunque pocos se daban cuenta de ello. Jesús renunció al Cielo para morir por la humanidad con la esperanza de que comprendiéramos su acto de gracia y respondiéramos a su invitación a relacionarnos con él.

Lee Filipenses 2: 3 al 8. ¿Qué nos dice este texto acerca de cómo debemos vivir a la luz de la Cruz?

Jesús lo hizo y lo soportó todo. Cuando nos detenemos a reflexionar acerca de ello, percibimos inevitablemente nuestra impureza y nuestra extrema necesidad de él.

Cuando lo contemplamos, todo lo demás, especialmente nosotros mismos y nuestra propia presunta grandeza, palidece hasta volverse completamente insignificante. Quién es Jesús, qué hizo y cuánto ama a su Creación se convierte en la portada y el centro de todo. El orgullo seguramente desaparecerá cuando lo contemplemos a él.

Jesús. Cuán hermoso y poderoso nombre. Él es la personificación de la humildad. Cuando nuestros corazones se abren de par en par para aprender acerca de él, cuando entendemos lo que ha hecho por nosotros, y cuando permitimos que sus palabras de vida penetren en nuestra mente, nos damos cuenta de cuán orgullosos y miserables somos. Si sus propios discípulos, quienes vivieron con él y aprendieron de él, lucharon contra el orgullo, no podemos engañarnos pensando que somos diferentes. Solo podemos crecer en nuestra relación con Jesús cuando somos humildes.

Dedica tiempo ahora mismo a tu relación con Dios. Toma tu Biblia, un bolígrafo y una hoja de papel, y busca un lugar tranquilo, quizás al aire libre. Invita a Dios a que enternezca tu corazón y hable a tu mente. Escribe el Salmo 138, palabra por palabra. Mientras lo haces, ¿qué palabras llaman especialmente tu atención?