jueves · l10
La vestidura más costosa
Versiculo de la semana
«Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de todo mal» (1 Juan 1: 9).
La ropa costosa y elegante define con frecuencia a los ricos, según los criterios mundanos. Algunas personas dicen: «Me visto así para mostrar quién soy». Pero en el Cielo, solo nuestras relaciones permanecerán (Mat. 6: 19-21). Nuestra identidad personal debe estar envuelta en Jesús y en su perfecto manto de justicia.
Lee en Mateo 22: 1 al 14 la parábola que Jesús contó para explicar esto. ¿Qué mensajes puedes encontrar en ella?
Jesús llamó «amigo» al hombre que estaba sin la vestimenta adecuada para la fiesta de boda. A pesar del silencio de aquel hombre ante la observación, existía sin duda una relación entre ambos. El hombre conocía seguramente la vestimenta apropiada para la ocasión, pero había decidido no usarla. El carácter de Jesús es perfecto e inmaculado, y nos lo ofrece para que nos vistamos «de lino fino, limpio y resplandeciente» (Apoc. 19: 8), «sin mancha ni arruga ni cosa semejante» (Efe. 5: 27).
El lino blanco «es la justicia de Cristo, su propio carácter sin mancha, que por la fe se imparte a todos los que lo reciben como Salvador personal» (Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 256).
Adán y Eva vestían un manto blanco de tenue luz antes de pecar, después de lo cual se dieron cuenta de que estaban desnudos (Gén. 3: 7). Entonces Dios sustituyó la túnica de hojas de higuera hecha por ellos por una vestidura hecha con pieles de animales, lo que requirió un sacrificio. De manera semejante, aceptamos el sacrificio de Jesús al aceptar su manto de justicia. «Desnudos y avergonzados, procuraron suplir la falta de los mantos celestiales cosiendo hojas de higuera para cubrirse. [...]
»Nadie puede fabricar alguna prenda que pueda ocupar el lugar de su perdido manto de inocencia. Ningún manto hecho de hojas de higuera, ningún vestido común a la costumbre mundana, podrán emplear aquellos que se sienten con Cristo y los ángeles en la cena de las bodas del Cordero.
»Únicamente el manto que Cristo mismo ha provisto puede hacernos dignos de aparecer ante la presencia de Dios. Cristo colocará ese manto, esa ropa de su propia justicia sobre cada alma arrepentida y creyente» (Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 257).
Debemos revestirnos diariamente con el manto de justicia de Jesús. ¿Qué significa esto y cómo podemos hacerlo?