viernes · l10
Para estudiar y meditar
Versiculo de la semana
«Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de todo mal» (1 Juan 1: 9).
La Biblia utiliza a menudo metáforas agrícolas para describir nuestra condición espiritual. Oseas 10: 12 es un ejemplo que capta lo que hemos analizado esta semana: «Siembren para ustedes en justicia, sieguen cosecha de amor. Aren su tierra sin labrar, porque es tiempo de buscar al Señor, hasta que venga y les enseñe justicia».
Hacemos surcos en la tierra dura, sembramos, cosechamos y buscamos a Dios para acercarnos a él. La tierra de nuestros corazones debe estar preparada para recibir la lluvia del Espíritu Santo. Dios puede darnos el deseo de hacer esa preparación para entablar una relación con él (ver Fil. 2: 12, 13). Tenemos que dirigirnos a Dios y aferrarnos a él. Él obrará entonces en nosotros para completar la tarea.
El siguiente texto contiene un gran ejemplo de lo que significa aferrarse a Dios: «Sus ojos vieron lo que el Señor hizo con motivo de Baal Peor, que destruyó a todo el que fue en pos de Baal Peor. Pero ustedes que fueron fieles al Señor su Dios, todos están vivos hoy» (Deut. 4: 3, 4).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
- «Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal» (Mat. 6: 13). Jesús enseñó específicamente a sus discípulos a orar de esta manera. ¿Mantenemos esta línea de pensamiento en nuestras oraciones diarias? ¿Oras con regularidad pidiendo protección contra la tentación y el pecado?
- ¿Cómo explicarías el precioso don del manto de justicia de Cristo a un no cristiano o a un nuevo creyente?
- ¿Cómo se relaciona el manto de justicia de Cristo con el mensaje del Santuario acerca del perdón divino y la purificación del pecador arrepentido? ¿En qué medida comprendes la belleza y la riqueza de este mensaje?
RESUMEN: Identificar nuestros pecados en respuesta a los impulsos del Espíritu Santo y entregarnos a Dios con arrepentimiento son componentes vitales de una relación pujante con Dios. Saber que estamos completamente perdonados y cubiertos por el manto de justicia de Jesús es la experiencia más transformadora para un ser humano. No solo somos liberados del peso del pecado, sino también sentimos que el amor de Dios nos rodea y nos acerca a él. Esto nos une a Dios, nos fortalece espiritualmente y nos motiva a amarlo con cada fibra de nuestro ser.