domingo · l12

Por testimonio

Versiculo de la semana

«Dios, el Señor, me dio lengua de sabios para saber hablar palabra de aliento al cansado; mañana tras mañana me despierta el oído para que oiga como los sabios» (Isa. 50: 4).

Lee la Gran Comisión en Mateo 28: 18 al 20. Toma nota de los diferentes mensajes de Jesús cuando usa las palabras «toda», «todas», «todo», «todos».

Jesús nos ordenó compartir su mensaje con el mundo: «Vayan y hagan discípulos». La misión de la Iglesia Adventista del Séptimo Día es hacer discípulos que hagan, a su vez, otros discípulos. De ese modo, todos estamos proclamando el evangelio eterno y los mensajes de los tres ángeles (Apoc. 14: 6-12) a fin de preparar a nuestro mundo para el pronto regreso de Jesús.

Todo aquel que haya recibido una nueva vida en Cristo está llamado a dar testimonio. Sin embargo, muchos creyentes no están dispuestos a hacerlo por temor o porque no saben cómo. Piensan que la testificación consiste en predicar a viva voz en una concurrida calle o dar un complejo estudio bíblico, y entonces sacuden la cabeza diciendo: «¡Oh no! ¡Eso no es para mí! Soy introvertido. La sola idea me aterra».

Sin embargo, el verdadero testimonio es simplemente el resultado de lo que Dios ha hecho y está haciendo en tu vida, es compartir con otros lo que aprendes del Señor a medida que tu relación con él se desarrolla. Dios es muy bondadoso, y lo que ha hecho por nosotros es la mejor noticia que este mundo puede escuchar. No podemos ni debemos callar. Él te ha redimido, te ha llamado por tu nombre y eres suyo. ¿Puede haber una mejor noticia que esa para compartir?

Aunque los discípulos de la iglesia primitiva no eran cultos ni elocuentes, podemos aprender de ellos.

Lee Hechos 1: 8 y 4: 13. ¿Cómo daba testimonio la iglesia primitiva? ¿Qué impacto tuvieron Pedro y Juan en quienes los escucharon testificar?

Pedro y Juan declararon: «No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído» (Hech. 4: 20). «Habían estado con Jesús» (Hech. 4: 13) y se sentían compelidos a compartir su experiencia. El Espíritu Santo les dio audacia y un poder convincente a sus palabras.

Dedica ahora algún tiempo a orar. Pide a Dios valor para compartir tu testimonio con otros y sabiduría para saber cuándo hablar y qué decir. Lee 1 Juan 4: 7 al 11 y ora por este tipo de amor.