miercoles · l01

«Tengo mucho pueblo en esta ciudad»

Versiculo de la semana

«Entonces el Señor dijo a Pablo en una visión nocturna: “No temas. Sigue hablando y no calles, que yo estoy contigo, y ninguno te podrá dañar; pues tengo mucho pueblo en esta ciudad”» (Hech. 18: 9-10).

Lee Hechos 18: 4-8. ¿Cuáles fueron los resultados de la predicación de Pablo?

La labor de Pablo entre los judíos de Corinto no fue tan fructífera como él hubiera deseado. Tuvo que enfrentar cierta hostilidad y odio. La Biblia dice que «se opusieron y blasfemaron» (Hech. 18: 6). Cuando el objeto del verbo griego blasfēmeō (“blasfemar”) es un ser humano, significa «insultar» o «difamar». En otras palabras, pretendían manchar la reputación de Pablo e impedir que tuviera éxito en sus esfuerzos misioneros.

Afortunadamente, la labor de Pablo en la sinagoga de Corinto no fue en vano pues Dios estaba al mando de su misión. Él prometió: «Mi palabra que sale de mi boca [...] no volverá a mí vacía» (Isa. 55: 11). Algunos judíos no esperaban que Crispo, el jefe de la sinagoga, y su familia aceptaran a Jesús como el Mesías y se bautizaran (Hech. 18: 8). No solo ellos, sino que «muchos corintios, al oír, creyeron y fueron bautizados» (Hech. 18: 8), probablemente también por la influencia de Crispo.

Lee Hechos 18: 9, 10. ¿Qué podemos deducir acerca de los sentimientos de Pablo ante los desafíos que enfrentaba en Corinto? ¿Cómo animó Dios a su siervo?

Cuando salió de la sinagoga, Pablo tuvo una experiencia que lo animó. Cristo mismo se le apareció por la noche en una visión, con palabras que recuerdan Isaías 41: 10: «No temas, que yo estoy contigo». De hecho, Pablo admite que estaba en Corinto «con debilidad, y mucho temor y temblor» (1 Cor. 2: 3). Tuvo que partir de Berea a Atenas debido a la firme oposición enfrentada. Parece que pensó que tendría que abandonar Corinto por la misma razón. Pero no sería así esta vez. Jesús le dijo: «Tengo mucho pueblo en esta ciudad» (Hech. 18: 10). Y Pablo fue su instrumento para comunicarles la buena noticia de la salvación.

Lee Isaías 41: 10. ¿Qué maravillosas promesas se nos hacen en este breve pasaje? ¿Cómo deberían ellas incidir en tu vida de cada día?