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La ciudad de Corinto
Versiculo de la semana
«Entonces el Señor dijo a Pablo en una visión nocturna: “No temas. Sigue hablando y no calles, que yo estoy contigo, y ninguno te podrá dañar; pues tengo mucho pueblo en esta ciudad”» (Hech. 18: 9-10).
Lee Hechos 18: 1-3, 1 Corintios 5: 9-11 y 1 Corintios 8: 4. ¿Qué podemos deducir sobre la economía, la moralidad y la vida religiosa de Corinto?
Corinto era un importante centro del mundo antiguo, famoso por su próspero comercio. La ciudad fue destruida por Roma en el año 146 a. C. y reconstruida por Julio César como colonia romana en el año 44 a. C. Es esta Corinto romana la que aparece en el Nuevo Testamento. En la época de Pablo, Corinto era uno de los rivales de Atenas e incluso la había superado en varios aspectos. Corinto tenía dos puertos importantes que facilitaban el intercambio de mercancías y el desarrollo de su comercio.
De hecho, Pablo eligió Corinto por su importancia y su ventajosa ubicación geográfica. «Así se presentó una oportunidad para la difusión del evangelio. Una vez establecido en Corinto, se comunicaría fácilmente a todas las partes del mundo» (Elena G. de White, Sketches from the Life of Paul, p. 99).
Además, el floreciente comercio de Corinto facilitaría a Pablo su sustento mediante la fabricación y venta de tiendas de campaña mientras proclamaba el evangelio allí (Hech. 18: 2-3). Obviamente, la labor misionera en una ciudad grande y rica no está exenta de desafíos. Corinto se caracterizaba por el pluralismo religioso (1 Cor. 8: 5), evidente por sus numerosos santuarios construidos en homenaje a deidades como Apolo, Atenea y Afrodita entre otras, e incluso por el culto a dioses egipcios como Sérapis e Isis.
Además de esta confusión religiosa, Corinto también era conocida por su libertinaje sexual. Estrabón, geógrafo e historiador griego, menciona que había mil prostitutas sagradas dedicadas al culto de Afrodita en su templo de Corinto. Aunque muchos estudiosos ven esto con recelo y relacionan esta afirmación con la propaganda ateniense contra Corinto, la prostitución ritual era común en el mundo antiguo. La inmoralidad sexual era un problema en Corinto, como en otros lugares. La idolatría y la inmoralidad formaban parte de la vida cotidiana, y esta triste realidad explica gran parte del contenido de la primera y la segunda Carta a los corintios.
En su actividad misionera en Corinto, Pablo se enfrentó al desafío de una sociedad idólatra y licenciosa. ¿Qué desafíos de la cultura actual pueden dificultar la predicación del evangelio? ¿Cómo podemos superarlos? ¿Qué diferencias existen, si las hay, entre Corinto y las ciudades actuales?