martes · l03
Sabiduría y madurez
Versiculo de la semana
«Les ruego hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que hablen todos una misma cosa y que no haya entre ustedes divisiones. Antes, estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer» (1 Cor. 1: 10).
En general, los grupos cerrados son el resultado de una sobrevaloración de los líderes humanos. Esto es muy peligroso para la unidad de la iglesia y para la salud espiritual de los miembros, ya que una visión distorsionada del ministerio cristiano puede llevar a una iglesia a dar una importancia excesiva a ciertos líderes en detrimento de otros. La consecuencia de tal comportamiento es una atmósfera de competencia o rivalidad que puede dividir a la iglesia. Más aún, si tratamos a los líderes humanos como el centro de nuestra identidad cristiana, corremos el riesgo de desplazar a Cristo de la posición correcta en nuestras vidas.
Lee 1 Corintios 3: 1-4. ¿Cómo describe Pablo aquí la inmadurez espiritual de los corintios?
Pablo deja claro que la madurez espiritual conduce al creyente a apreciar la sabiduría de Dios (1 Cor. 2: 6-7), la cual nos es comunicada por medio del Espíritu (1 Cor. 2: 13) y contrasta con la sabiduría de este mundo (1 Cor. 2: 6) y la sabiduría humana (1 Cor. 2: 13). La sabiduría de Dios se revela en la cruz de Cristo (1 Cor. 2: 1-4) y, más precisamente, en el sufrimiento, la muerte y la resurrección de Cristo. Por lo tanto, antes de reanudar su exhortación a la unidad (1 Cor. 3: 1-17), Pablo quiere que sus lectores reconozcan la necesidad de la verdadera sabiduría y madurez en Cristo.
Los cristianos sabios y maduros son personas espirituales, no carnales. Tampoco son como niños (1 Cor. 3: 1). Comparan las cosas espirituales con las cosas espirituales, porque «las cosas del Espíritu de Dios [...] se han de discernir espiritualmente» (1 Cor. 2: 13-14). Los cristianos sabios y maduros se alimentan de comida sólida, no de leche (1 Cor. 3: 2; comparar con Heb. 5: 12). El creyente que «se nutre de leche es inexperto en la doctrina de la justificación, porque aún es niño. En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que por la costumbre tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal» (Heb. 5: 13-14). Los cristianos sabios y maduros no dicen: «Yo soy de Pablo» o «yo soy de Apolo» (1 Cor. 3: 4), refiriéndose a diferentes personas.
Después de todo, estas personas son, como ellos, «colaboradores de Dios» (1 Cor. 3: 9). Nosotros, como iglesia, somos el campo, el edificio y el templo de Dios (1 Cor. 3: 9, 16-17). Todos pertenecemos a Dios por medio de Cristo (1 Cor. 3: 11).
¿Cuál ha sido tu experiencia al sentirte decepcionado por alguien a quien admirabas mucho? Si has tenido esa experiencia, ¿qué lecciones aprendiste de ella?