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miercoles · l08

El cuerpo resucitado

Versiculo de la semana

«Y si Cristo no resucitó, nuestra predicación es vana y la fe de ustedes también es vana. [...] Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es vana y aún están en sus pecados» (1 Cor. 15: 14, 17).

En 1 Corintios 15: 35-39, Pablo se refiere brevemente al cuerpo resucitado. Comienza esta sección planteando dos preguntas: «¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo?» (1 Cor. 15: 35). Estas preguntas son respondidas en 1 Corintios 15: 36-49.

Lee 1 Corintios 15: 36-41. ¿Cómo responde este pasaje las preguntas de 1 Corintios 15: 35?

Pablo aplica tres analogías para ayudar a sus lectores a comprender lo que sucede en la resurrección. La primera analogía (1 Cor. 15: 36-38) señala que el cuerpo es como una semilla que primero debe morir (o dejar de ser una semilla) para convertirse en una planta. La enseñanza es clara: la resurrección es un milagro de Dios. En segundo lugar, la analogía de los cuerpos (1 Cor. 15: 39-40) destaca que, en este mundo, Dios proveyó diferentes tipos de cuerpos a los animales y a los seres humanos, adecuados en cada caso al entorno actual. Del mismo modo, nuestros cuerpos serán adecuados para las nuevas circunstancias del mundo celestial. Esta idea es llevada un paso más allá con la analogía de un cuerpo glorioso (1 Cor. 15: 40-41), que enfatiza que la gloria del cuerpo resucitado superará enormemente a la del cuerpo terrenal caído.

Esta idea también es ilustrada mediante cuatro contrastes entre nuestro cuerpo terrenal actual y el cuerpo resucitado. El primero es terrenal, perecedero, débil y natural. Por su parte, el segundo es celestial, imperecedero, poderoso y espiritual (1 Cor. 15: 40-44). Esto no significa que no haya continuidad entre los dos. El uso que Pablo hace del término griego sōma («cuerpo») tanto para el cuerpo sepultado como para el cuerpo resucitado muestra continuidad. Por el contrario, los cuatro contrastes anteriores también muestran discontinuidad. Gracias al Señor, nuestros nuevos cuerpos no serán los mismos que los cuerpos perecederos que tenemos ahora.

Pablo no relaciona el término «espiritual» con una existencia inmaterial. En otra parte dice que Jesús «transformará el cuerpo de nuestra bajeza para que sea semejante a su cuerpo de gloria» (Fil. 3: 21). Tendremos cuerpos reales, pero no se desgastarán ni se descompondrán. Puesto que todo lo que conocemos ahora es la descomposición, la enfermedad y la muerte, es difícil imaginar la vida sin ello, pero se nos promete eso en Jesús.

¿Cómo nos ayuda la seguridad de que nuestros cuerpos serán transformados a la perfección a ser resilientes respecto de nuestras limitaciones físicas actuales?